La música de las palabras: Galeano y Gaddafi

Lo conoció el mismo día que cumplió los 33 años. Entre los regalos, dos señales divinas le llegaron a las manos: “Las palabras andantes” y “Memorias del fuego”. Tan pronto los abrió, Gaddafi Nuñez quedó flechado. 

El segundo encuentro fue mucho más íntimo. Un cara a cara. Una conversación de cinco minutos. Dos libros autografiados. Una despedida con un gran abrazo. Gaddafi volvió a quedar flechado.

-“A Gaddafi lo mataron de la forma más cobarde”, le comentó Eduardo Galeano en el Paraninfo del Edificio Histórico de la Universidad de Barcelona para el 2012. 

No hubo un tercer encuentro, pero Gaddafi buscó la forma de que Galeano permaneciera siempre encendido. Como el fuego más rimbombante entre un mar de fueguitos. 

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Vivió en Lima, Perú, hasta sus 24 años. Luego decidió mudarse a Barcelona para dedicarse a tiempo completo a su carrera musical. En invierno, se ganaba la vida en las paradas del metro. En verano, llevaba su música andina hasta las terrazas de los restaurantes y las calles aledañas.

-“Estando fuera de Perú empecé a dedicarme a tocar música latinoamericana. Cosa que no había hecho tanto cuando vivía en mi país. Debe ser que uno extraña la música de su tierra”, soltó Gaddafi. 

Barcelona lo acogió de inmediato. Su camino se fue ensanchando tan pronto creó el grupo “Sakapatú” junto a otros cinco colegas provenientes de Chile, Argentina y Perú. Con una mezcolanza de ritmos latinoamericanos e instrumentos ancestrales, la banda musical supera los 600 conciertos didácticos ofrecidos para jóvenes y niños en toda España. De hecho, hace apenas unos días la banda celebró sus 15 años de fundación. 

Sakapatú es un viaje educativo a través del folklore andino y la música afro-peruana que está programada y planificada casi a la perfección. Con un mes de antelación al concierto, Gaddafi se reúne con los profesores de cada escuela participante para que adoctrinen a los más chicos antes del evento. La idea es que sea un concierto con segmentos educativos y que los niños tengan un conocimiento base para nombrar los instrumentos que estarán tocando los músicos.

Gaddafi también es cantautor, ofrece talleres de cajón peruano, es músico autodidacta  y desde el estudio que tienen en su casa, llamado “La ollita récords”, ha grabado y mezclado discos que han sido nominados a los premios Grammy. 

En su home studio, Gaddafi trabaja con más de 20 instrumentos de cuerda, percusión, viento y diferentes semillas. Todos provenientes de distintos países, en su mayoría latinoamericanos: charango, jarana, cuatro venezolano, bozuki, engoni, cajón peruano, cajita, quijada, bombo leguero, udú, xilófono, varios tambores, calimbas, semillas, flautas andinas, flautas de la india y flautas ocarinas.

Su más reciente proyecto, y una de las facetas que más disfruta ahora a sus 43 años, es la grabación de su quinta producción musical, “Late”. El disco, que tardó dos años en producirse, contará con 10 canciones de su autoría, entre ellas una samba argentina y una décima.   

Late todo en esta vida y su memoria
Mis tejidos, mis ancestros y su historia
Late la tierra que piso al cantar
Late el rebaño, el pastor y su perro
Late el tiempo que cobriza mi pelo

– “Este es un disco que nace de un proceso de cambio. Hace 3 años pasé un momento muy duro. Incluso, me llegó a afectar físicamente y emocionalmente. Fue un proceso que viví por un par de años y pude superarlo y salir. Uno cuando sale de esos procesos suele retornar con mucha fuerza. Este disco lo he compuesto desde ese momento y ese resurgimiento. Es un disco con una base muy espiritual. Todo está en lo inmaterial”. 

No es casualidad que en el último disco que Gaddafi está por lanzar se puedan escuchar las melodías de nuestro instrumento nacional. Durante su primera visita a Puerto Rico, hace apenas unos meses, Gaddafi tuvo un encuentro particular con el cuatro puertorriqueño. Y como suele pasarle, quedó flechado.

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El reto de musicalizar a Galeano está en la belleza contaste de su juego con los géneros literarios. Los junta y los funde sin ningún ánimo de remordimiento. Aún así, Gaddafi encontró la fórmula para darle una melodía latinoamericana a la literatura impetuosa de Eduardo Galeano.

-“Musicalizar a Galeano no es fácil. Yo diría que es bastante difícil…Lorca es más fácil de musicalizar porque está escrito en rimas. En formas literarias que permiten que sea más fácil de musicalizar”. 

Primero, y con muchísimas ganas de ensalzar y enseñarle al mundo los versos del escritor uruguayo, grabó un disco inspirado en textos como “El mundo”, “La creación”, “El viaje”, “Ventana sobre los cielos” y “Alma al aire”. Pero Gaddafi quería algo más grande, con más efervescencia y menos habitual.  

De ahí la idea de recordarlo y homenajearlo con un espectáculo multidisciplinario que Gaddafi decidió nombrar al igual que el disco, “Galeano Encendido”. De inmediato Gaddafi convenció a Xavier Erra, a quien conoce desde que se estableció Sakapatú, para que fungiera como el director oficial de la pieza. Luego fue Erra quien convenció a Gaddafi para que pensara a Galeano en presente. Para que escuchara su voz robusta desde las gradas. Para sentirlo entre el gentío.

Por suerte, la escenografía del espectáculo tiene un tendedero con telas colgantes de por medio y muy poca luz, así Gaddafi puede camuflar los sentimientos que afloran sobre la tarima.

“Galeano Encendido” es un espectáculo que también es una puesta en escena, un concierto, un diálogo entre un cantautor y su escritor más preciado, un viaje a los clásicos literarios de América Latina, un revoltijo de sentimientos desde el primer verso cantado, un juego constante con el público, la casualidad perfecta para entenderlo, el momento apto para escucharlo, el instante preciso de conocer a Galeano.  

-“El público en general sale muy emocionado del espectáculo. Y si han leído a Galeano, los atraviesa. Galeano es muy querido. Es como las olivas, a quien le gusta le encanta. En el último espectáculo, sobre cinco personas me dijeron que no pararon de llorar. La gente termina muy agradecida”. 

La primera vez que Gaddafi presentó “Galeano Encendido” fue hace tres años en Casa América Catalunya. Sin duda, un éxito total. Desde ese entonces, el espectáculo ha sido presentado en Colombia, Portugal, Suiza, Barcelona y Madrid. Hay planes de llevarlo a Uruguay, Perú y Puerto Rico.

-“Para llevarlo a escena fue muy bonito. Le conté mi idea al director y le cuento que estoy enamorado de este escritor (Eduardo Galeano), que estoy haciendo un disco y quiero llevar esto a escena. Que sea una escenografía sencilla y ligera. Toda la escenografía tendría que caber en una maleta, le dije. Quiero que sea fácil de transportar. Entre más actores, músicos y escenografía tengas mas difícil de mover es. Un unipersonal y una escenografía que se ve muy ostentosa, amplia, que abarca mucha escena pero al final termina toda cabiendo en una maleta porque es ropa blanca tendida”.

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Su primer cajón peruano lo tuvo cuando era muy pequeño. Fue un regalo de su tío por parte de padre, quien tenía una banda de rock para la década del 70. A los siete años, Gaddafi comenzó a tocar la guitarra y el piano sin tan siquiera haber tomado una sola clase.

Su papá estudió sociología pero dedicaba su vida a la crianza de gallos de riña y trabajó por 25 años en el Departamento de Turismo en Perú. Su mamá, que también tenía un hermano músico, era psicología y falleció cuando Gaddafi tenía 14 años.

El primer disco que lanzó Gaddafi, quien estudió comunicación audiovisual en su país natal, fue “Más allá de tus ojos” para el 1999. Incluso, llegó a transmitirse en la cadena MTV. Fue a finales de 2002 cuando decidió mudarse de lleno a Barcelona, donde vivió los primeros meses junto a su primo en La Rambla. 

Némesis Mora Pérez

Las contradicciones del mundo laboral en poesía

¿Y si estas preguntas no existen?
¿Existo?
Julio César Pol, “Alguien”. Sísifo (2017)

Julio César Pol en su último poemario, Sísifo devela la inutilidad del sistema laboral aniquilante como un modo de alentar la posibilidad de otro tipo de vida, otro tipo de mirada. Este poemario presenta una encrucijada: ante la inminencia de entregar un informe, decidir “entre un poema o una teoría” (34). Así, ese microcosmos se vuelve metonimia de la vida misma: ante lo superfluo de la convivencia, hay que decidir entre lo valioso y lo inservible, entre vivir o existir.

“Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza;” así comienza “El mito de Sísifo” (1942) de Albert Camus. “No hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”: Pol eleva las contradicciones del mundo laboral a la poesía. “La roca”, su primer poema de la colección, establece claramente lo que será una serie de metáforas y metonimias, algunas cargadas de humor, otras de reproche y denuncia, sobre el trabajo infructuoso que resulta de la burocracia neoliberal y del posfordismo. 

El mundo frío de las oficinas con sus cubículos y elevadores se vuelve un espacio reductor y malsano (precisamente, el ponchador se vuelve guillotina). Los informes, las tareas abrumadoras con fecha de entrega, las tentaciones y los amoríos, los abusos y los delirios del poder; todos estos elementos entran en una lucha desigual e injusta con lo que es el sujeto, la vida familiar, la autoestima y la poesía misma. Este libro como objeto deja saber claramente que en última instancia gana la poesía, y que, ante toda aquella desolación, la posibilidad luminosa se vuelve una promesa.

Ante el mundo posfordista, el pago de la quincena o del bono se vuelve una mueca espantosa que solo la poesía salva porque esta es lo único que subyace y supera tales circunstancias; a pesar de trabajar con la muerte, la poesía se eterniza y, con ella, la poiesis misma se vuelve mito y convicción (en oposición a la convención que critican los versos). Mas esa salvación casi desdobla al sujeto lírico, el ser poeta se contrapone al mundo laboral. En la relación de la subalternidad (los grupos humanos y el cuestionamiento a sus jerarquías desde la parodia y hasta del reproche) se examina no solo al sujeto oprimido y al opresor, sino también al que sirve de intermediario, que como medio de subsistencia es capaz de ser delator; es el esclavo que decide quién recibirá latigazos. Y es que el modelo neoliberal es la extensión de los modelos esclavistas y tiránicos cuya mayor estratagema recae en crear la ilusión de libertad.

De este modo, esa indagación sobre el poder y sus dinámicas convencionales, ese examen riguroso sobre la utilidad de las gestiones laborales, trazan un mapa. Sísifo supone, como mencioné, un recorrido, no al jefe, sino hacia la poesía como acción liberadora del sujeto oprimido. Los versos del poemario que usé en el epígrafe: “¿Y si estas preguntas no existen?/ ¿Existo?,” (87) nos demarcan el sentido pleno de este texto: un cuestionamiento que reivindica al sujeto como entidad. La poesía coloca la experiencia de la inutilidad en el plano de lo valioso al recordar y delinear lo humano, y también al denunciar los engaños. 

Pol, Julio César. Sísifo. Isla Negra, 2017.

Autor: Alexandra Pagán

Raquel Salas Rivera: Lo terciario. Timeless. Infinite Light.

Oakland, California:2018, 85 páginas

Suministrada: www.raquelsalasrivera.com

Recuerdo como, a finales de los años 90, terminé un poemario que nunca publiqué. Llevaba como título “El cuaderno de las traiciones”. En esa época yo intentaba nombrar  una contradicción o problema que no sabía cómo se llamaba. Lo denominé “traición”. Emprendí la tarea de utilizar el término como metáfora espinal de toda una colección de poemas que intentaba darle discurso a lo innombrable- ¿qué pasa cuando la ideología choca con el deseo.? ¿Un deseo a la vez multiple e innombrable por el insoportable discurso de las ideologías?

Para aquel entonces, yo era una poeta comprometida con formación marxista atrapada en un sistema de denominaciones ideológicas que, (ahora crecí y lo sé), se llaman sistema binario. Según ese sistema binario, propio de las construcciones y pensamientos de la modernidad eurocéntrica, existe una jerarquía que organiza oposiciones simples. Simplonsísimas, de hecho. De un lado está lo bueno, del otro, lo malo. De un lado lo hombre/masculino, del otro lo mujer/femenino. De uno, lo blanco, del otro, lo negro. Lo pobre/ lo rico. A mi, por razones obvias, me tocaba luchar contra ese sistema porque, según  su lógica interna, mi valor como persona en este mundo era negativo. Es decir, que le quedaba debiendo a la Modernidad hasta el ser considerada persona. Debía probarme “humana” primero. Y eso se hacía en “vcolectivo”, en “la lucha” y la “intelectualidad”, siendo más marxista que Carlitos, olvidarme del querer ser mujernegra. Eso era una trampa burguesa y exotista.

Sin embargo, mientras fui creciendo en “la lucha”, me di cuenta que el mero hecho de ser de “izquierdas”, es decir, en oposición  y versus  a“la derecha” no resolvía la mucho. Mi categorización simplista de mujer, de negra, de pobre, se supone que se resolvieran cuando la izquierda tomara el poder. He visto muchísimas instancias en que ello no ha ocurrido. Sin embargo, eso no quita ni mitiga el conocimiento detallado de cómo el sistema capitalista perpetúa la explotación y la extracción y acumulación de capital apoyándose en un esa mismo sistema de valoración jerárquica social de binarismos opuestos.

Después, leyendo a Achille Mbembe, a Yuval noah harari y a Krishnamurti me doy cuenta de algo aún más terrible todavía, y es que la percepción del sistema es la participación del sistema. La percepción de la carencia y el valor son construcciones sociales. Eso se que Harari llama un sistema de instintos secundarios- es decir, el mito grande que es una cultura  toma deecadas en mostrar sus fisuras y en lograr que alguien pueda re-nombrarlo.

Hoy, segunda década del siglo XXI , me encuentro con que, gracias a Marx, a Oshún, al deseo (que también puede convertirse en mercancia), Raquel Salas Rivera le ha puesto la cola al burro y sabe como nombrarlo. Lo Terciario es eso que yo no sabía cómo se llamaba y que tomó 20 años de  revolución social homosexual y lésbica, 40 años “and counting” de una epidemia inmunológica,  aproximadamente 28 años de estudios queer y batallas legales par alas personas trans para ser renombrado. Desde esa nueva posición de sujeto, Raquel Salas Rivera juega con el lenguaje ideológico marxista con una soltura y un desparpajo tal que lo convierte en lenguaje poético. Se gufea la dureza erectile del lenguaje de las ideologyas políticas de izquiera. Se atreve a tratarlas con dulzura y a la vez con respeto. Le adjudica para lo que sirven, pero no más. Porque más allá de la oposición binaria existe “lo terciario”, el deseo, el mundo de los afectos, de esos institntos secundarios que se manifiestan de manera concretísima y que también inciden en la realidad. Las cifras, las estadísticas, las citas de análisis de sistemas económicos y de funcionamiento del capital se entremezclan con el lenguaje íntimo, romantic, sexual, afectivo, añorativo- esos eternos lenguajes del deseo. El resultado es luminoso. Al igual que con los encontrados cuerpos del deseo, su choque devela la grieta. Me refiero a la grieta del sistema de oposiciones binarias en el cual se monta el pensamiento de la razón eurocéntrica.

Ya. Lo puedo nombrar. Gracias, Raquel por ser tan atrevidamente lúdica y desafiante. El capital es el capital, pero la moneda es una metáfora por la que mueren y matan miles y quien sabe si miles seguirán muriendo y matando. El colonialism es el colonialism, cientos de miles de microagresiones condesadas en prácticas concretas de entreguismo, de automarginación, de desesperanza. Y todo, malditamente todo es el poema. Pero el poema también es la greita.

Decía Rumi que por la herida entra la luz. Los poemas de “lo terciario” hieren, incomodan y ese es su gran valor. Porque también es rico que te duela a conciencia lo que tú no sabías cómo se llamaba. Ahora duele más porque la poeta lo ha nombrado. Es inescapable. La argumentación ideológica es elíptica y un laberinto. Pero la revelación golpea. Te deja con una sola palabra en la boca, o con 85 poemas. Da igual que hayan sido escritos en inglés o en español. La function es la misma, desmontar ideologyas globales y pulsiones fundamentals de lo uno-múltiple y lo humano, esa experiencia que escapa los montajes racionales, esa variable caótica del deseo que hace que la vida siga y se manifieste precisamente porque no puede ser encajonada.

Mayra Santos-Febres
20 de diciembre, 2018.
5:34 pm