Raquel Salas Rivera: Lo terciario. Timeless. Infinite Light.

Oakland, California:2018, 85 páginas

Suministrada: www.raquelsalasrivera.com

Recuerdo como, a finales de los años 90, terminé un poemario que nunca publiqué. Llevaba como título “El cuaderno de las traiciones”. En esa época yo intentaba nombrar  una contradicción o problema que no sabía cómo se llamaba. Lo denominé “traición”. Emprendí la tarea de utilizar el término como metáfora espinal de toda una colección de poemas que intentaba darle discurso a lo innombrable- ¿qué pasa cuando la ideología choca con el deseo.? ¿Un deseo a la vez multiple e innombrable por el insoportable discurso de las ideologías?

Para aquel entonces, yo era una poeta comprometida con formación marxista atrapada en un sistema de denominaciones ideológicas que, (ahora crecí y lo sé), se llaman sistema binario. Según ese sistema binario, propio de las construcciones y pensamientos de la modernidad eurocéntrica, existe una jerarquía que organiza oposiciones simples. Simplonsísimas, de hecho. De un lado está lo bueno, del otro, lo malo. De un lado lo hombre/masculino, del otro lo mujer/femenino. De uno, lo blanco, del otro, lo negro. Lo pobre/ lo rico. A mi, por razones obvias, me tocaba luchar contra ese sistema porque, según  su lógica interna, mi valor como persona en este mundo era negativo. Es decir, que le quedaba debiendo a la Modernidad hasta el ser considerada persona. Debía probarme “humana” primero. Y eso se hacía en “vcolectivo”, en “la lucha” y la “intelectualidad”, siendo más marxista que Carlitos, olvidarme del querer ser mujernegra. Eso era una trampa burguesa y exotista.

Sin embargo, mientras fui creciendo en “la lucha”, me di cuenta que el mero hecho de ser de “izquierdas”, es decir, en oposición  y versus  a“la derecha” no resolvía la mucho. Mi categorización simplista de mujer, de negra, de pobre, se supone que se resolvieran cuando la izquierda tomara el poder. He visto muchísimas instancias en que ello no ha ocurrido. Sin embargo, eso no quita ni mitiga el conocimiento detallado de cómo el sistema capitalista perpetúa la explotación y la extracción y acumulación de capital apoyándose en un esa mismo sistema de valoración jerárquica social de binarismos opuestos.

Después, leyendo a Achille Mbembe, a Yuval noah harari y a Krishnamurti me doy cuenta de algo aún más terrible todavía, y es que la percepción del sistema es la participación del sistema. La percepción de la carencia y el valor son construcciones sociales. Eso se que Harari llama un sistema de instintos secundarios- es decir, el mito grande que es una cultura  toma deecadas en mostrar sus fisuras y en lograr que alguien pueda re-nombrarlo.

Hoy, segunda década del siglo XXI , me encuentro con que, gracias a Marx, a Oshún, al deseo (que también puede convertirse en mercancia), Raquel Salas Rivera le ha puesto la cola al burro y sabe como nombrarlo. Lo Terciario es eso que yo no sabía cómo se llamaba y que tomó 20 años de  revolución social homosexual y lésbica, 40 años “and counting” de una epidemia inmunológica,  aproximadamente 28 años de estudios queer y batallas legales par alas personas trans para ser renombrado. Desde esa nueva posición de sujeto, Raquel Salas Rivera juega con el lenguaje ideológico marxista con una soltura y un desparpajo tal que lo convierte en lenguaje poético. Se gufea la dureza erectile del lenguaje de las ideologyas políticas de izquiera. Se atreve a tratarlas con dulzura y a la vez con respeto. Le adjudica para lo que sirven, pero no más. Porque más allá de la oposición binaria existe “lo terciario”, el deseo, el mundo de los afectos, de esos institntos secundarios que se manifiestan de manera concretísima y que también inciden en la realidad. Las cifras, las estadísticas, las citas de análisis de sistemas económicos y de funcionamiento del capital se entremezclan con el lenguaje íntimo, romantic, sexual, afectivo, añorativo- esos eternos lenguajes del deseo. El resultado es luminoso. Al igual que con los encontrados cuerpos del deseo, su choque devela la grieta. Me refiero a la grieta del sistema de oposiciones binarias en el cual se monta el pensamiento de la razón eurocéntrica.

Ya. Lo puedo nombrar. Gracias, Raquel por ser tan atrevidamente lúdica y desafiante. El capital es el capital, pero la moneda es una metáfora por la que mueren y matan miles y quien sabe si miles seguirán muriendo y matando. El colonialism es el colonialism, cientos de miles de microagresiones condesadas en prácticas concretas de entreguismo, de automarginación, de desesperanza. Y todo, malditamente todo es el poema. Pero el poema también es la greita.

Decía Rumi que por la herida entra la luz. Los poemas de “lo terciario” hieren, incomodan y ese es su gran valor. Porque también es rico que te duela a conciencia lo que tú no sabías cómo se llamaba. Ahora duele más porque la poeta lo ha nombrado. Es inescapable. La argumentación ideológica es elíptica y un laberinto. Pero la revelación golpea. Te deja con una sola palabra en la boca, o con 85 poemas. Da igual que hayan sido escritos en inglés o en español. La function es la misma, desmontar ideologyas globales y pulsiones fundamentals de lo uno-múltiple y lo humano, esa experiencia que escapa los montajes racionales, esa variable caótica del deseo que hace que la vida siga y se manifieste precisamente porque no puede ser encajonada.

Mayra Santos-Febres
20 de diciembre, 2018.
5:34 pm