Huracanada (2018), de Mayra Santos-Febres

San Juan: Trabalis Editores, 2018.  84 páginas.

Este poemario es parte de una larga tradición de la literatura testimonial hispanoamericana.  Recuerda el poema “En una tempestad”, del poeta romántico cubano José Heredia (“Huracán, huracán venir te siento”) y el poemario Miro la tierra del poeta mexicano José Emilio Pacheco, donde el hablante lírico mira hacia el desastre del terremoto en la ciudad de México en 1985.  Huracanada, por su parte, es el lamento poético del paso del huracán María por Puerto Rico, el 20 de septiembre de 2017: “El ojo furioso de un huracán nos pasó por encima/ el martes 20 de septiembre.// Entró por el sureste, por un pueblo que pudo haberse/ llamado de cualquier forma”.  El libro está estructurado en cuatro cantos progresivos titulados: “Sangre”, “Yo era una mujer”, “Las manos sucias”, y “Sistemamundo”.  A su vez, estos cantos están divididos en poemas titulados con números romanos (excepto “Deudas” y “Huracán”) y precedidos por un prefacio de cuatro poemas que sirven de introducción.  No es hasta las páginas 49 y 51 del canto “Las manos sucias” que se aborda directamente el paso del huracán.  Todos los poemas anteriores son una preparación para este momento en el que se centra la segunda mitad del poemario.  La hablante nos dice: “me sé habitada/ de una fuerza que en mí toma cauce” y esta fuerza va in crescendo desde su dolor por sangrar, ser un animal que es “capaz de reproducir vida”, tomar conciencia que “No es la deuda lo que tenemos que pagar,/ sino todas las deudas”, refiriéndose a la bancarrota de la Isla, hasta llegar al poema emblemático “Huracán”, donde se desata una fuerza poética y la voz que habla se lamenta de los efectos en sí misma y los suyos del viento huracanado: “Todos salimos a la calle/ armados tan solo con nuestras manos/ a arañar la destrucción”.  Es conmonvedor el testimonio que presenta Huracanada en la palabra de Mayra Santos-Febres, poeta, narradora, ensayista, profesora universitaria, madre, y gestora cultural.  Es el dolor de todo un pueblo que se escucha en su palabra, como hizo Pablo Neruda en “Alturas de Macchu Picchu” al decir:  “Hablad por mis palabras y mi sangre”.  Lo mismo hace Santos-Febres en este sobrecogedor poemario donde se reflexiona sobre la familia, la historia del padre y la madre, cómo superarlos y sobrevivirlos, la ternura por el futuro de los hijos y el mensaje final de que fueron las mujeres puertorriqueñas las que se levantaron sin hombres a limpiar, podar, recoger, salvar tras el paso del huracán:  “Quiero que se sepa que hoy,/ segunda década del siglo XXI:/ un puñado de mujeres/ sin maridos,/ sin padres, sin dueño/ fue capaz de sobrevivir la devastación”.  Hay que aclarar que el testimonio en Huracanada se aleja de ser una poesía solamente realista para volver sobre la literariedad de las palabras o la capacidad de ser literatura y ficción que tiene la poesía en el último canto, en “Sistemamundo”, porque se revela que quien habla en estos versos es el huracán mismo: “Es el ojo del huracán el que cuenta todo esto./ Es el ojo que se me instala/ en el centro  de la frente y narra”.  En versos anteriores, la hablante se había denominado “pitonisa” o vidente y en la portada del poemario aparece una foto de Mayra Santos-Febres vestida de rojo con los ojos cerrados, como en un trance, mientras una mano sostiene un envase de metal del que sus dedos extraen agua y la imagen capta el momento preciso en que la poeta está huracanada moviendo los labios y recitando sus poemas. Se transforma en el signo de una fuerza colectiva de mujeres que pueden reconstruir un país entero: “Quiero que se sepa,/ tomen nota./ Podemos, entre todas/ levantar lo caído,/ parirnos una Isla nueva”.

Daniel Torres,
Ohio University

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