Detox: venenos y remedios de Mónica Lladó Ortega

Leer este poemario es asomarse a una sensibilidad cortazariana que sigue de cerca los lados “de allá y de acá” en la Rayuela (1963) de uno de los más famosos escritores del “boom” hispanoamericano.  Dicen que la vida se divide en antes y después de leer esta novela esencial en las letras de Hispanoamérica, y la poeta Mónica Lladó Ortega asume la voz de la Maga en éste su primer poemario, para hablarnos de los avatares de ser mujer en las primeras décadas post-feministas del siglo XXI.  Olga Orozco también forma parte del entramado de refrencias intertextuales (“¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba…”) que enmarcan Detox, que como su título lo sugiere, es una desintoxicación de esos venenos vitales que precisan de remedios.  Julia de Burgos es la tercera poeta que tiene el protagonismo de un epígrafe en el primer poema: “Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga”.  Y así se va construyendo el signo mujer en los versos.

El poema “Detox” con el que abre el poemario declara: “Las malas lenguas/ con envidia/ se lamen los ojos”.  La progresión de los poemas, en su mayoría poemas cortos, directos y precisos de no más de dos páginas, agilizan la lectura de las 51 hojas del libro. Los epígrafes de Francisco Matos Paoli, Silvio Rodríguez, Ángel Antonio Ruiz Laboy, Mayda Colón y Julio Cortázar (con tres epígrafes) dirigen la lectura de los poemas y van marcando su ritmo. Desde los “Claroscuros I, II, II” hasta poemas de amor como “Futuro”, donde el erotismo aflora (“Verme circundada allí en/ en tus esferas líquidas,/ dejarme abrazar y abrasar simultáneamente”), o “Pedestal” (“Cada vez que estoy contigo/ me subes a ese pedestal”), y “Transitar” (“Provocas adrede/ que pierdas el camino de regreso”).

Sorprende la capacidad lírica y el dominio técnico de un primer libro de una autora nobel, pero Mónica Lladó Ortega se ve que esperó hasta pulir y sacar brillo como a una prenda de plata y filigrana para entregarnos un poemario bien construido, concebido y editado por Trabalis Editores, que es una editorial nueva en Puerto Rico a la que hay que seguirle la pista porque cuenta con un catálogo fascinante de libros editados por la poeta Mayda Colón y diagramados por Zayra Taranto.

En los poemas finales hay un momento de code-switching o cambio de codigo del inglés al español y del español al inglés, donde la hablante lírica recurre al inglés para expresarnos su sentir en el poema “Obvious Indifference”, que comienza en español (“En mi jardín,/ tú, un arrebato simultáneo de placer y dolor”) para pasar al inglés en la tercera estrofa (“Obviousness opposes obliviousness”) y lo obvio y el olvido se dan la mano para construir un texto redondo que finiquita en español (“Ante todos los horrores de un siglo/ prefiero quedarme abierta,/ pero erguida”).  No debemos olvidar que el título del poemario, Detox: venenos y remedios ya inició este proceso de code-switching.

En “Rayuela” explora la dicotomía Talita/Traveler y Maga/Horacio de la novela del mismo nombre, para resolverla con el nacimiento de la palabra.  En esencia, reescribe al gran maestro Julio Cortázar como una lectora hembra, pero activa.  El final de Detox: venenos y remedios con el poema “Moxibustión” es una eclosión poética donde se cierra el verso con un “ciclo de atardeceres” o finales del día, y las palabras que cierran el poemario parecen chorrearse de la página como una pintura de Salvador Dalí (“El dolor fue un alivio”) porque cada palabra aparece caligramáticamente como un escurrirse de la página escribiéndose hacia abajo.

“Moxibustión” habla de alfileres que se quita la voz que apalabra los poemas, de los que hace una escultura y aunque la hacen sangrar, se hinca un dedo “para cerrar el verso/al ciclo de atardeceres” o de finales.

Daniel Torres,
Ohio University

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